23 de diciembre de 2008

Equivalencias y Marian Grześczak (1934)

En septiembre de 1990 la revista Equivalencias dedicaba su número 20 a la poesía polaca. Un estudio de Jerzy Lisowski bajo el título de "Poesía necesaria" precedía la obra de 12 poetas que habían aceptado ceder una serie de poemas inéditos para su publicación –los poemas aparecían en polaco, en español y en inglés-. Los autores recogidos eran: Jan Bolesław Ożóg, Jan Twardowski, Tadeusz Różewicz, Julia Hartwig, Artur Międzyrzecki, Konstanty Puzyna, Bogdan Czaykowski, Ewa Lipska, Marian Grześczak, Krzysztof Karasek, Kazimierz Hoffman, Waldemar Żelazny. Me propusieron las traducciones de algunos de los poemas de cuatro de aquellos poetas -Jan Bolesław Ożóg, Konstanty Puzyna, Marian Grześczak, Kazimierz Hoffman- y vuelvo a ellas en este nuevo marco.

Marian Grześczak (1934)

El vestido verde

A. con un vestido verde y floreado. Tan claro y transparente que si el sueño buscase comparaciones podría encontrarlas únicamente en dos de los sitios que conoce en el mundo: en la depresión holandesa y en la cuenca del Selenga en Mongolia. A. con ese vestido, increíblemente hermoso en armonía con su cuerpo, reconciliada en esta frase, aquí, ahora, frase disparatada pero posible, porque ¿cómo podría atreverse el sueño a ver correctamente y a expresarse debidamente? A. en este sueño, ese vestido con mujer, esa ilusoria aparición suya ante estos ojos míos, que soñando ven a un tiempo lo soñado, se esfuma, ambos se esfuman, verdes, e inmediatamente está la calle, y yo, mis ojos escondidos en ella, ocultos tras algún coche azul de la marca Audi, escuchamos, a quién de entre nosotros llamará ella, quizá a aquel que desea, o a aquel que sabe cómo alegrarla, o a cualquier otro con el que sueña para que simplemente esté, muchos de ellos, muchos en la insospechada, para ella, espera, y sin embargo, no hay ninguno, y toda esa belleza suya, piensa el sueño, se derrocha, su luz y su vestido, y también ese verde, que mira a su alrededor para quién podría ser aún más verde, y aún así el sueño y sus siempre tímidos ojos no quieren reconocerla ni reconocerse, sólo miran a escondidas cómo A. mira a su alrededor y se alegran enormemente de ello, como si supieran que lo que busca está siempre más vivo que lo que espera.

2 comentarios:

Mega dijo...

¡Qué poema en prosa! (Duda: ¿se trata de un poema en prosa?)

"...como si supieran que lo que busca está siempre más vivo que lo que espera."

Un abrazo (y feliz año para ti también)

Abel Murcia dijo...

Es una gran pregunta. Cómo dilucidar entre un poema en prosa y eso que algunos han dado en llamar prosa poética, o incluso un microrrelato. En todo caso el autor lo trataba como poema en prosa y no seré yo quien le enmende la plana.
Abrazos,

Abel