28 de abril de 2009

Mariusz Grzebalski III

Dedicatoria

La oscura arruga del río talla
la llanura que se extiende desde aquí
hasta el lugar en el que, como un panal quemado,
se consume la ciudad; el viento peina

las calles desiertas. De quién es la navaja
que afeita sus nucas, de quién la que afeita
sus cuellos. Diente de perro, la luna, se apaga.

El mundo oscurece: laten las sienes
del condenado. Ahora empezará a nevar,
la nieve cubrirá sus rostros. Él conocerá el lago
salado de su vientre, el patíbulo
de sus pechos. Antes de que la nieve se apague.

2 comentarios:

Angelus dijo...

¡Qué bellas metáforas tiene este poema! ¿No rezuma un ligero aire lorquiano?

Saludos.

Abel Murcia abelams77@gmail.com dijo...

Quizá sí haya algo de eso, aunque no sé si no resulta un poco más duro.

Abrazos,

Abel