12 de septiembre de 2009

Wojciech Bonowicz X

Mi falta de tiempo en algunas ocasiones puede llevar a engaño al lector de este blog y hacerle pensar que los poetas polacos, al menos algunos, cultivan preferentemente una poesía breve, que apenas pasa de los seis o siete versos. Como se ve en el siguiente poema de Bonowicz perteneciente al mismo libro que muchos de los presentados estos últimos días,
sería un grave error caer en esa simplificación. Buena prueba de ello también podemos encontrarla en el magnífico blog de Xavier Farré (http://xavierfarreabcd.blogspot.com), el mejor blog de traducción de la poesía polaca que conozco.


La última cinta

“Os he reunido a todos, queridos hermanos,” dice el maestro,
“a los que ordeñan las cabras y a los que limpian los baños
a los que cargan los libros y a los que trabajan en la cocina
a los que comen carne y a los que beben agua
a los viejos y a los jóvenes con vocación y a los que se encuentran aquí por casualidad
a todos los que les di la palabra de la vida sentados a mi alrededor o por separado
a los que se tumbaron a mis pies y a los que se reían de ello
para reconocer ante vosotros ahora que probablemente me espera la última confesión
que durante todos estos años diariamente he temido la muerte.
He esperado la muerte aterrado. Había en mí dolor y tristeza
ya que Dios tenía que alejarse de mí por un instante para que yo pudiera morir.
Habitaba en mi el temor de que no volviera. De que yo me quedaría sólo
sumergido en las aguas de la muerte con la lengua rígida.
Hoy también me llena la oscuridad. Mi mente es insegura
al igual que mi cuerpo. Tiemblo en mi interior. Y oigo voces: “¡Mortal! ¡Mortal!”
cuando apenas empiezo a rezar. Y el negro dios de la muerte triunfa
al ver que no temo la condenación. No - sino la misma muerte.

Por un instante se hizo el silencio y después se levantó el más anciano
de los hermanos del segundo coro y besó al maestro
en los labios. Y dijo: “Hace tiempo que todos sabíamos
qué temes a la muerte. Que es mucho tu amor por la vida que miras
desde estos muros los rostros los hombros y las piernas de muchachas y muchachos
que te gusta el griterío de los niños nuestro bullicio la música
las discusiones el vino que eres tierno y débil por amor.
Sabíamos también que si te despojaran de la vista el oído
el gusto y el sentido del olfato acabarías con tu vida
aunque tanto temes la muerte.
Te velaremos y no incineraremos tu cuerpo.
Rogaremos a Dios y cumpliremos con los ritos.
Si hubieras odiado el mundo no te habríamos seguido.
Y ahora estamos aquí y permaneceremos tanto tiempo
como sea necesario para que la tierra absorba hasta la última
gota de tu amor”. Calló
y besó al maestro una vez más. E hizo un gesto con la mano.
Y los hermanos se dispersaron. Cada uno de ellos a sus quehaceres.

De Mar abierto

3 comentarios:

Angelus dijo...

En mi comentario sobre la brevedad de los poemas de este autor no había ningún matiz negativo o peyorativo. En todo caso, bien está la inclusión de este poema para dar una visión más completa de los "quehaceres" del autor.

No sé si conoces un poema póstumo de Leopoldo Panero sobre la muerte, que viene a colación del contenido de este texto; si no, ahí lo dejo:

La muerte se ha acordado esta noche
de mí, como a las alas llega el viento.
Luego se ha detenido y me ha negado,
rechazando mi ser enteramente
y retirando su mano de la mía.
Ahora, como viudo de ella,
el hueco de su ausencia me duele
y su gran desdén, estoy seguro,
aún aletea en mi mirada
y se refleja en el silencio de mis párpados.
Hoy su soplo pasó a mi lado,
no se reveló, no movió ni una hoja,
no tomó en sus labios mi rostro
y no quiso interrumpir mi presencia o mi sombra.
... Llámame, dame más realidad en la tuya,
seréname en tu nido
como a la golondrina colgada,
y ayúdame al hablar, ten paciencia con mis palabras,
para que todas, en su día, respondan
de que yo no te llamaba en vano,
ni adornaba mis poemas con tu nombre,
con tu empezado, con tu besado reino, con tu decir, y no decir
y con tu sorpresa de labios atados.
No me importa partir, y tan sólo tú me retienes
y tu delgada mano retiras de la mía.
Afírmate en mi paso, sonríe;
y tu traje de alas me quitas haciéndome invisible
y el rocío por tus pies sacudido
es lo sólo que de ti reconozco.
Sé muy bien que no te merezco
pero invoco tu camino y tu puerta.

Saludos.

Abel Murcia abelams77@gmail.com dijo...

Si ha parecido que yo entendía que había un matiz peyorativo o negativo en tu comentario sobre la brevedad de los poemas, lo lamento. Nada más lejos de mi intención. Me parecía una buena observación de seguidor del blog, ya que es cierto que a menudo cuelgo poemas cortos porque el tiempo que tengo para traducir no es excesivo. Por eso me parecía importante aclarar, gracias a tu comentario, que esperaba no llevar a nadie a error con una elección-selección de poemas que en mi caso tiene un componente de disponibilidad temporal nada desdeñable. Mil gracias por seguir ahí y por el poema de Panero, que como muy bien apuntas es primo hermano del de Bonowicz.
Abrazos,

Abel

Angelus dijo...

Para mí, el mejor blog de traducción de poesía polaca es el tuyo.