11 de diciembre de 2011
10 de diciembre de 2011
Urszula Kozioł V
Para la creación del mundo
Dios tiene coartada
para la creación del hombre
Dios tiene coartada
para la expulsión del paraíso
Dios tiene coartada
para el azote de la viruela y de la peste
Dios tiene coartada
para las siete plagas de Egipto
Dios tiene coartada
para el diluvio las llamas la guerra
Dios tiene coartada
Dios tiene coartada
tiene coartada
justo en ese momento se encontraba
en la zona de omniausencia
como es fácil comprobar.
De De paso
Dios tiene coartada
para la creación del hombre
Dios tiene coartada
para la expulsión del paraíso
Dios tiene coartada
para el azote de la viruela y de la peste
Dios tiene coartada
para las siete plagas de Egipto
Dios tiene coartada
para el diluvio las llamas la guerra
Dios tiene coartada
Dios tiene coartada
tiene coartada
justo en ese momento se encontraba
en la zona de omniausencia
como es fácil comprobar.
De De paso
Urszula Kozioł IV
los momentos vacíos
son un regalo para el alma
el alma necesita de pausa
necesita de momentos de no pasar nada
aunque sólo sea para
profundizar en sí misma
De De paso
son un regalo para el alma
el alma necesita de pausa
necesita de momentos de no pasar nada
aunque sólo sea para
profundizar en sí misma
De De paso
9 de diciembre de 2011
Janusz Styczeń (1939)
Dos cafés
una chica y un chico se besan por encima de la mesa en un café,
los dos se levantan de sus sillas,
intentan abrazarse,
se apresuran con el beso porque en la cafetería
no pueden besarse durante mucho tiempo,
las tazas de café sobre la mesa están inmóviles,
como si montaran guardia velando por el beso, velando por el amor,
ahí en la cafetería,
las tazas ni siquiera al ser ligeramente movidas dejan caer
una gota,
dos oscuros, húmedos elementos
con sus duras y fuertes ropas de porcelana,
repentinamente inmovilizados por la admiración,
sin poder dejar de mirar a la pareja besándose
como si se tratara de figuras de santos
de una desconocida y no normativizada religión del amor
De La furia del instinto
una chica y un chico se besan por encima de la mesa en un café,
los dos se levantan de sus sillas,
intentan abrazarse,
se apresuran con el beso porque en la cafetería
no pueden besarse durante mucho tiempo,
las tazas de café sobre la mesa están inmóviles,
como si montaran guardia velando por el beso, velando por el amor,
ahí en la cafetería,
las tazas ni siquiera al ser ligeramente movidas dejan caer
una gota,
dos oscuros, húmedos elementos
con sus duras y fuertes ropas de porcelana,
repentinamente inmovilizados por la admiración,
sin poder dejar de mirar a la pareja besándose
como si se tratara de figuras de santos
de una desconocida y no normativizada religión del amor
De La furia del instinto
8 de diciembre de 2011
Leszek Engelking VI
Mensaje
De nuevo abandono la ciudad
sin encontrarme en ella.
Llega al andén un tren semidirecto,
pero en dirección contraria.
Después de la locomotora, el vagón correo,
como antes, hace tiempo.
Baja de él un funcionario de correos
con una gran bolsa de piel
y dice con una sonrisa:
"¡Una carta para usted, respetable caballero!"
En el sobre, mi antigua dirección,
pero otro nombre, otro apellido:
Egon Alter.
El sobre apenas cerrado,
aunque el tren sigue en el andén,
echo un vistazo disimuladamente a su interior,
pero no entiendo nada:
"Ricardo Rei nasceu no Porto, em 1887.
Álvaro de Campos...".
De Museo de la infancia
De nuevo abandono la ciudad
sin encontrarme en ella.
Llega al andén un tren semidirecto,
pero en dirección contraria.
Después de la locomotora, el vagón correo,
como antes, hace tiempo.
Baja de él un funcionario de correos
con una gran bolsa de piel
y dice con una sonrisa:
"¡Una carta para usted, respetable caballero!"
En el sobre, mi antigua dirección,
pero otro nombre, otro apellido:
Egon Alter.
El sobre apenas cerrado,
aunque el tren sigue en el andén,
echo un vistazo disimuladamente a su interior,
pero no entiendo nada:
"Ricardo Rei nasceu no Porto, em 1887.
Álvaro de Campos...".
De Museo de la infancia
7 de diciembre de 2011
Michał Sobol (1970)
Arrugas
Y así también el cuerpo pierde la memoria
de lo que fue una vez. En eso consistiría la vejez,
las células corren, con el tiempo en el orden
se desliza el azar. La piel simplemente
no recuerda cómo se colocaba alrededor del ojo,
no es por maldad, es por olvido. El devenir de las arrugas
no es nada más que olvido,
a fin de cuentas nada. Los álamos arden
con un frío fuego. Los románticos vieron el horror
en las negras siluetas de los árboles sin hojas,
y con razón. Los álamos no tienen nada que ver con ello.
De Naturalia
Y así también el cuerpo pierde la memoria
de lo que fue una vez. En eso consistiría la vejez,
las células corren, con el tiempo en el orden
se desliza el azar. La piel simplemente
no recuerda cómo se colocaba alrededor del ojo,
no es por maldad, es por olvido. El devenir de las arrugas
no es nada más que olvido,
a fin de cuentas nada. Los álamos arden
con un frío fuego. Los románticos vieron el horror
en las negras siluetas de los árboles sin hojas,
y con razón. Los álamos no tienen nada que ver con ello.
De Naturalia
5 de diciembre de 2011
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